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La Universidad Francisco de Vitoria (Madrid) acoge unas jornadas para tratar la prevención del acoso escolar basada en el programa TEI

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Jonás Muñiz Cadenas
06/03/2020
01:19:26 PM
Ref. 1598
Recientemente, en el colegio al que asisten mi hija (6º Primaria) y mi hijo (5º Primaria), surgió un pequeño conflicto entre tres compañeros del grupo de mi hijo, en el que dos de ellos, en horas de patio después del comedor pero dentro de las instalaciones del centro, se produjo un altercado con amenazas y agresiones verbales y empujones entre estos dos compañeros y un tercero que se vio presionado y se defendió con patadas e insultos. En ese momento no había ningún observador adulto, excepto las cuidadoras del comedor que recibieron informe del suceso y trasladaron este hecho a los progenitores de los tres menores. Dos de los progenitores, uno de ellos padre del menor agredido, no justificó el comportamiento de su hijo ni creyó necesario intervenir ni hablar con las cuidadoras del comedor ni con los menores agresores. En mi caso, soy padre y profesional de la enseñanza (orientador), y decidí intervenir fuera del horario lectivo porque consideraba oportuno y necesario advertir, tanto a los menores participantes en esa agresión, como a las cuidadoras y los progenitores de los mismos, que no se podían pasar por alto este tipo de sucesos. Obviarlos como si fueran simples "cosas de niños" o dar una respuesta evasiva, omitiendo el hecho que este tipo de violencia engendra a su vez respuestas defensivas y agresivas innecesariamente. La intervención que hice con los menores fue reunir a los tres afectados, explicar cada uno de ellos su versión de los hechos, mediando entre ellos para evitar un conflicto mayor y que se pidieran disculpas mutuamente, manteniendo el compromiso explícito de que se respetarían y no utilizarían la agresión verbal o física para dirimir sus diferencias. Desde entonces, no son amigos íntimos, pues las relaciones que se establecen entre iguales a estas edades no están consolidadas y son fluctuantes, pero al menos mantienen una relación de compañeros de aula con total normalidad y respeto mutuos. En este tipo de situaciones es vital la intervención de una persona adulta o de un referente/mediador que establezca unas pautas de convivencia en cada situación concreta. La actitud de algunos educadores/as, del profesorado y, especialmente, de las familias no puede ser de desidia ni de "mirar para otro lado" por temor a entrometerse en "cosas de niños". Obviar y evitar el problema o el conflicto no es nunca una solución. Proponer medidas coercitivas y punitivas como habitualmente se recogen en los RRI (Reglamentos de Régimen Interior) de muchos centros educativos, tampoco es suficiente y, generalmente, no ayudan a resolver el problema, sino a posponerlo o enquistarlo. Hay que establecer un protocolo real de actuación en cada situación concreta, que no siempre se puede generalizar, y estar siempre "alerta" a cualquier síntoma o circunstancia que sea susceptible de provocar un conflicto de convivencia o de acoso escolar. Éso no significa poner cámaras ni tecnología de circuito cerrado con la intención de mantener "vigilados" a los menores en todo momento, sino que debemos de formar a todas aquellas personas adultas que trabajan o tienen relación en el contexto de un centro educativo (conserjes, personal de limpieza, PAS, comedores, profesorado, padres y madres, etc.) para ser capaces de observar, identificar, intervenir y revertir una situación de acoso o agresión escolar. La convivencia es responsabilidad de todos y todas, no sólo una cuestión de establecimiento de unas normas y del cumplimento de las mismas o de poner medidas punitivas cuando se incumplen.
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Emilio José López Rodríguez
06/06/2019
07:45:46 AM
Ref. 1461
La verdadera erradicación de esta lacra se producirá cuando los padres de los alumnos que cumplen el rol de “observadores” en este proceso (en realidad a TODOS los padres) y los propios chicos sean conscientes de que estas actitudes no se pueden tolerar y no podemos permanecer impasibles cuando somos testigos de cualquier situación parecida. Los niños no pueden aprobar con sus risas o su impasibilidad que se produzca cualquiera de estos hechos. Y los padres somos responsables de educar a nuestros hijos en el apoyo al más débil y en denunciar cualquiera de los hechos que consideremos, bien por los medios oficiales del colegio o bien a sus propios padres quienes deben ponerlo en conocimiento del centro educativo. Para ello además de educar a nuestros hijos en Valores en este sentido, debemos estar “testeando” y preguntando a nuestros hijos si han sido testigos o conocen algún tipo de acoso que se de en su entorno cercano o conocido… Todo pasa por Educar a los Padres y que estos transmitan determinados valores a sus hijos: Ayudar al más débil, Empatía, Asertividad…
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