Con la llegada de las altas temperaturas y el aumento de la práctica deportiva al aire libre, y con motivo de la celebración del Día Mundial del Corredor, los especialistas del Centro de Medicina Deportiva de Alto Rendimiento Vithas/Invictum de los hospitales universitarios Vithas Madrid Aravaca y Vithas Madrid Arturo Soria recuerdan la importancia de adaptar el entrenamiento para prevenir riesgos asociados al calor, especialmente en disciplinas como el running.
“La práctica de ejercicio con altas temperaturas supone un estrés añadido para el organismo, que no solo tiene que responder al esfuerzo físico, sino también regular constantemente su temperatura”, explica la Dra. Valeria Esper, especialista en medicina deportiva. Este doble esfuerzo provoca un aumento de la frecuencia cardíaca, la sudoración y la percepción de fatiga, incluso manteniendo el mismo ritmo de entrenamiento.
En este sentido, la especialista señala que uno de los errores más frecuentes entre corredores populares es “intentar mantener en verano las mismas cargas o ritmos que en invierno”, lo que incrementa el riesgo de lesiones y problemas asociados al calor.
Durante los meses de calor, el cuerpo requiere un mayor esfuerzo para disipar la temperatura, ya que parte del flujo sanguíneo se desvía hacia la piel. “Esto obliga al sistema cardiovascular a trabajar más, lo que se traduce en pulsaciones más altas y mayor fatiga con intensidades que en otras épocas del año se toleran mejor”, añade.
Como consecuencia, comienzan a aparecer con más frecuencia problemas como sobrecargas musculares, calambres, fatiga desproporcionada o cuadros de deshidratación. En situaciones más severas, el ejercicio en condiciones de calor extremo puede derivar en un golpe de calor, considerado una urgencia médica.
La deshidratación juega un papel clave en este aumento del riesgo. “No solo perdemos agua al sudar, sino también electrolitos como el sodio. Si no se reponen adecuadamente, se incrementa el estrés cardiovascular, la fatiga neuromuscular y el riesgo de lesión”, explica la Dra. Esper.
Los especialistas advierten de la importancia de reconocer ciertos síntomas durante la práctica deportiva. Mareo, desorientación, náuseas, escalofríos, dolor de cabeza o debilidad extrema son señales de alerta que obligan a detener el ejercicio de forma inmediata.
“Es importante entender que el nivel de entrenamiento no elimina el riesgo. Incluso corredores experimentados pueden sufrir problemas si intentan mantener un alto nivel de exigencia en condiciones ambientales desfavorables”, subraya.
Lejos de abandonar la actividad física en verano, los expertos insisten en la necesidad de adaptar el entrenamiento al contexto térmico. Esto incluye evitar las horas centrales del día, reducir la intensidad cuando sea necesario y prestar especial atención a la hidratación.
“La hidratación debe comenzar antes del ejercicio. No hay que esperar a tener sed, porque eso ya indica cierto grado de deshidratación”, explica la especialista. Además, en entrenamientos prolongados o con altas tasas de sudoración, recomiendan no limitarse únicamente al consumo de agua, sino incorporar también electrolitos.
Otro aspecto clave es la aclimatación al calor, un proceso que puede desarrollarse en una o dos semanas y que permite mejorar la tolerancia del organismo al esfuerzo en condiciones de altas temperaturas.
Con motivo del Día Mundial del Corredor, la Dra. Valeria Esper resume en tres recomendaciones básicas cómo entrenar de forma segura durante los meses de calor:
“El ejercicio sigue siendo una herramienta fundamental para la salud cardiovascular, metabólica y mental, pero en verano necesitamos ser más estratégicos en cómo lo practicamos”, concluye.
Además, la Unidad de Deporte y Traumatología de los hospitales universitarios Vithas Madrid Aravaca y Vithas Madrid Arturo Soria ofrece valoración especializada para prevenir y tratar lesiones, por lo que, ante cualquier síntoma o duda al correr en verano, los especialistas recomiendan consultar para adaptar el entrenamiento y practicar ejercicio de forma segura.