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Motos clásicas en la Reunión Motera de Pozuelo

viernes 07 de septiembre de 2012, 07:39h

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Es la principal novedad del encuentro que organiza por tercer año consecutivo, con motivo de las Fiestas Patronales, el grupo motero Six Pistons. Con dos de sus fundadores, Miguel y Oscar, hemos compartido tinto de verano y causa -riquísima delicia peruana- en un céntrico bar con nombre de gemelos de tebeo.

Quizás pensaban guardar el secreto hasta mañana porque tardaron en contar que a la tercera reunión motera de Pozuelo acudirán varias motocicletas clásicas. Alguna con casi un siglo de antigüedad. Pertenecen a Miguel, un coleccionista enamorado de las dos ruedas retro que las compra y las restaura a la manera del orfebre. Fabricando y torneando las piezas a mano porque ya no existen consigue que sus motos, algunas de gran valor histórico, vuelvan a la circulación. Su mérito es hacerlas funcionar y su recompensa que las gentes puedan contemplarlas y conocer detalles como el año y país de fabricación o si participaron en alguna de las grandes batallas.

Las motos clásicas, con casco y alforjas o sin ellas, italianas o alemanas, ocuparán un lugar de honor en la plaza del Padre Vallet, bajo el auditorio del Nuevo Centro Cultural. Hasta es posible que alguna de las joyas de Miguel vaya en cabeza de paseo, abriendo la ruta hacia la Avenida de Europa. Y hablando de joyas, pero de Pozuelo, también descubriremos la sexagenaria Honda de un vecino que acaba de pasar por el taller para estar radiante.

Porque la ocasión lo merece. El año pasado según datos de la Policía Municipal 350 motos recorrieron las calles de Pozuelo aunque no todas pudieron inscribirse. Y dentro de unas horas la historia podría repetirse. Los chicos de Six Pistons pondrán 250 incripciones a disposición de todo el que quiera acercarse a disfrutar del espectáculo, tenga o no tenga moto. A un precio de diez euros que, aunque es el doble que el año pasado, vuelve a ser simbólico porque la bolsa -con kit motero, revista especializada, vales para el bocata y las cervezas- que da derecho a participar en el sorteo de regalos como una televisión de plasma, un mp4 o material motero, cuesta más. Dicen los organizadores que el evento no tiene ánimo de lucro y que cuando todo acaba no queda ni un céntimo. "Lo que queremos es que participe todo el pueblo y que la plaza se llene de la vida que no ha tenido durante tres años de obras".

Todo para el pueblo pero con el pueblo

Hay que reconocer que lo de Oscar, Miguel y Juanjo -tercer alma mater de la Reunión Motera- es todo un logro. Que no hay dos sin tres lo sabemos. En su caso para hacer posible la tercera llevan desde que terminó la segunda llamando a muchas puertas con esperanza pero también con temor por aquello de la crisis. Han robado horas a su trabajo y a los suyos pero ha merecido la pena. Este año tienen más colaboradores a los que desde aquí quieren agradecer el apoyo y el esfuerzo en tiempos difíciles. Sobre todo a los que colaboran con otras peñas y en más iniciativas a lo largo del año. Porque ya se sabe; un poco de aquí, otro poco de aquí...

Además es una reinversión constante. Con el dinero de los colaboradores compran los regalos en tiendas de aquí y con lo que sacan de las inscripciones pagan la pancetada. Esta vez a los chicos de El Ambigú de Pozuelo, expertos en parrilladas. Para que todo quede en casa. Porque se trata de eso. De que todo revierta en el pueblo para revitalizar el centro. Para que las plazas del corazón urbano vuelvan a tener vida no sólo durante las Fiestas Patronales. Que eso se ha conseguido y con creces volviendo a los orígenes. Al pregón desde Padre Vallet, a casetas y terrazas en la plaza. Si la de toros se trasladase a la Coronación y el bar Norte siguiera abierto viajaríamos a los ochenta.

De la quedada a la reunión

Porque hasta la tradición de "empalmar" parece recuperada. Hace años muchos jóvenes de Pozuelo no dormían en casa por la noche sino durante el día. Tras pasar por el baile y los chiringuitos del recinto ferial subían a la plaza de toros para coger buen sitio en el encierro. Hace un año la quedada generacional, ese encuentro abierto a todos pero fruto de la nostalgia de unos pocos, cayó en viernes y al día siguiente había concentración motera. Alguno de los que decidieron participar en las dos reuniones llegaron el viernes en moto, la dejaron aparcada y volvieron por ella el sábado, a eso de las tres de la tarde.

 

 

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