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Vigila los pies de los más pequeños

lunes 01 de abril de 2019, 10:21h

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Muchas veces descuidamos esta parte del cuerpo y es muy común sufrir micosis o papilomas. Hemos consultado a Esther González, experta en podología y responsable de Clínica Podoactiva Pozuelo, para saber cuáles son las afecciones más comunes, cómo tratarlas e identificarlas.
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Andar descalzos, tocarse las uñas o usar siempre el mismo calzado pueden ser algunas de las causas que ocasionen afecciones en los pies, especialmente en los más pequeños de la casa, que, si no se tratan, pueden provocar mayores problemas.

Los pies, al igual que el resto de nuestro organismo, están expuestos a sufrir infecciones. Las más comunes en la infancia son dermatomicosis (hongos en la piel) y papilomas. Pero hay otras afecciones, como la micosis, más concretamente la tiña de los pies, que encuentra su hábitat ideal en el calzado cerrado con aumento de la sudoración. Por eso, es necesario prestar especial atención a los más pequeños de la casa que, durante las horas escolares, sudan.

Por otro lado, “las verrugas plantares también suelen ser muy habituales”. Se conocen con el nombre de papilomas y están causados por el virus del papiloma humano (VPH). Son muy frecuentes en el verano, época donde se producen más contagios por caminar descalzos en lugares públicos, piscinas, baños… Dada que es contagiosa, se da con mayor prevalencia en los niños y se acelera cuando el sistema inmune está débil.

Pero, ¿cómo podemos identificarlas?

Las infecciones por hongos suelen ser frecuentes entre los dedos donde existe una mayor maceración por el sudor, presentan la zona descamada, pudiendo generar grietas y el paciente sufre de picores. Esta enfermedad se puede identificar porque aparece entre los dedos, pica mucho y es muy molesta. Además, el mal olor se produce cuando el sudor entra en contacto con las bacterias que tenemos en la piel, produciendo en su descomposición amonio y ácido graso. La presencia de tinea pedís u hongos en la piel son causas de mal olor.

Los papilomas, por otra parte, suelen aparecer en zonas de presión en la planta del pie, su apariencia es similar a la de los helomas o callos, pero presentan unos puntos negros llamados papilas y producen más dolor al “pellizco” que a la presión.

El tratamiento desde las primeras fases de la lesión dérmica es fundamental en ambos casos. Por lo que “recomendamos acudir al podólogo siempre que tengamos la mínima sospecha de sufrir lesiones de este tipo”, explica Esther González.

Tratamientos

En el caso de los hongos, es fundamental que el podólogo realice primeramente un diagnóstico pautando un tratamiento antimicótico adecuado, mediante pomadas específicas.

En el caso de los papilomas “hay diversidad de tratamiento: físicos (crioterapia), químicos (ácido nítrico, nitrato de plata, vesicantes…), laser (ej: K-laser) y quirúrgicos”, continúan los expertos. De ahí la importancia de acudir al especialista quien valorará el tratamiento más adecuado para cada paciente, en función de la edad, tipo de lesión, localización y tiempo de evolución. “Un tratamiento precoz nos va a permitir aplicar soluciones rápidas y evitar complicaciones”, añade González.

El virus del papiloma tiene un periodo de incubación de 1 a 6 meses aproximadamente, dependiendo del estado inmunológico del paciente. Las revisiones podológicas son fundamentales. Su apariencia en un inicio es similar al callo pero, cuando el podólogo realiza un deslaminado de la zona, su aspecto es totalmente diferente. El callo presenta un núcleo translucido, liso y duro, mientras que el papiloma tiene un color blanco con puntitos negros (papilas) que sangran al deslaminar. Si pasamos en casa una lima pensando que es un callo, el papiloma empieza a sangrar.

Consejos para prevenir estas afecciones

Desde Clínica Podoactiva Pozuelo recalcan que “en la prevención está la clave para evitar estas molestas lesiones dérmicas” por lo que se recomienda:

  • No ir descalzo en vestuarios, piscinas y duchas públicas, el uso de chanclas en este caso es fundamental.
  • Correcta higiene de los pies. Lavarlos bien y, sobre todo, secar entre los dedos para evitar que la humedad favorezca la aparición de hongos.
  • Cambiar los zapatos con frecuencia. Mejor no ponerse los mismos dos días seguidos, sino dejar que aireen antes de repetir su uso.
  • Usar calcetines de algodón cien por cien, ya que este material es el más adecuado para absorber el sudor y mantener los pies secos. Cambiarlos siempre que haga falta, incluso dos veces al día en el caso de mayor sudoración.

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