El reflejo cremastérico, más concretamente, el movimiento de los testículos. No es imaginación: los testículos parecen tener vida propia, o al menos un reflejo muy peculiar. En un momento están colgando relajados y, de repente, se recogen como si algo los hubiera sobresaltado. Ese pequeño tirón o elevación en la zona genital que se nota cuando algo roza suavemente la parte interna del muslo o cuando cambia la temperatura no es magia: es el músculo cremáster en acción. LELO lo explica al detalle.
El músculo cremáster es una fina y elegante “hamaca” que envuelve los testículos como una especie de cabestrillo protector. Su función principal: moverlos. Este músculo literalmente sube y baja los testículos dependiendo del entorno. ¿Hace frío? Se acercan al cuerpo para mantener el calor. ¿Hace calor? Se relajan y descienden para refrescarse. Todo con el objetivo de mantener la temperatura ideal para la producción de esperma, porque sí, la naturaleza se toma muy en serio la fertilidad.
Para comprobar si este reflejo funciona bien, basta rozar suavemente la parte interna del muslo: el testículo del mismo lado tiende a elevarse ligeramente. Es el músculo cremáster reaccionando como un pequeño ascensor, encargado de mantener la temperatura perfecta para el esperma. No es un problema, y tampoco es algo necesariamente sexual. Es simplemente el cuerpo haciendo lo que está programado para hacer.
Además de ser una curiosidad del cuerpo, este reflejo sirve como herramienta diagnóstica. Se revisa después de cirugías de hernia y en exámenes neurológicos. Es una prueba rápida y sencilla que puede decir mucho sobre el estado de salud. Si un médico sospecha algo grave como una torsión testicular (una dolorosa torsión que bloquea el flujo sanguíneo), suele comprobar este reflejo. Si no aparece, puede ser un signo de alerta.
Aunque su función principal no sea sexual, el reflejo cremastérico también puede resultar interesante en la intimidad. Esa caricia suave por el muslo puede provocar más sensaciones de las que se espera. Digamos que puede notarse en ciertos momentos de juego en pareja.
Hay algo innegablemente atractivo en la combinación de temperatura y deseo. ¿Y qué mejor manera de probar los reflejos que con juegos de calor y frío? El temperature play es una práctica que consiste en aplicar frío o calor sobre el cuerpo para explorar nuevas sensaciones. Al sostener un cubito de hielo y deslizarlo suavemente por distintas partes del cuerpo, seguido de un soplo de aire, la piel se estremece. Centrar la atención en zonas como el cuello, las muñecas o detrás de las rodillas puede hacer que la reacción sea aún más intensa.
Si el frío resulta demasiado, se puede probar con cera. Existen velas diseñadas específicamente para el juego erótico, incluidas velas de masaje (elaboradas con cera de soja) que se derriten y se convierten en un aceite templado y agradable. Cuanto más lejos se sostenga la vela del cuerpo, más suave será la temperatura al contacto con la piel. Así se puede jugar con las gotas calientes para luego pasar a un masaje más sensual. Ya sea con un masaje en la cara interna del muslo o experimentando con el juego de temperaturas, el pequeño músculo cremáster sigue haciendo su trabajo en segundo plano.
Tanto para proteger el esperma, como para ayudar a los médicos a detectar posibles complicaciones graves, o incluso para aportar un toque más excitante durante la intimidad, este reflejo demuestra que hasta los músculos más pequeños del cuerpo cumplen funciones sorprendentes. La próxima vez que se esté en la cama, en la consulta del médico o simplemente caminando con un poco de frío, conviene acordarse de ese pequeño músculo que sube, baja y mantiene todo en orden.