Con la llegada del verano, las altas temperaturas y la deshidratación favorecen el aumento de los casos de cólico renal, una patología frecuente que provoca un dolor intenso y que, en algunos casos, puede requerir atención urgente. “En verano solemos ver más consultas por cólicos renales. El calor, la sudoración y la menor ingesta de agua hacen que la orina esté más concentrada, lo que facilita la formación de piedras”, explica el Dr. Eduardo Bolufer, especialista del servicio de Urología del Hospital Universitario Vithas Madrid Aravaca.
La deshidratación es uno de los principales factores de riesgo. “Beber poco hace que la orina sea más densa, favoreciendo la cristalización de sales minerales. Por eso, las recomendaciones europeas insisten en mantener una ingesta adecuada de líquidos, preferiblemente agua, para reducir el riesgo de formación de cálculos”, añade.
El cólico nefrítico se caracteriza principalmente por un dolor agudo. “El síntoma típico es un dolor muy intenso en un lado de la espalda o en el costado, que puede irradiarse hacia la ingle o los genitales”, detalla el especialista. Este cuadro puede acompañarse de náuseas, vómitos, sudoración, molestias al orinar o incluso sangre en la orina.
Ante estos síntomas, es fundamental valorar la gravedad del episodio. “Se debe acudir a urgencias si el dolor es muy intenso, si no cede con medicación habitual o si aparecen signos como fiebre, vómitos persistentes o dificultad para orinar, ya que puede tratarse de una complicación que requiere atención inmediata”, advierte.
En la mayoría de los casos, el paciente acude directamente al servicio de Urgencias ante la imposibilidad de controlar el dolor en casa. “En los meses de verano observamos un incremento de pacientes con cólico renal en urgencias. En la mayoría de los casos, acuden con crisis de dolor intenso que no pueden controlar con medicación oral”, señala la Dra. MaryCarmen Muñoz, facultativa del servicio de Urgencias del hospital.
“El objetivo en las primeras horas es aliviar el dolor y los síntomas agudos, pero también descartar complicaciones, especialmente asegurando que la función renal sea correcta mediante analíticas y, si es necesario, pruebas complementarias”, añade.
Una de las claves en el manejo de esta patología es la coordinación entre servicios. “Cuando el paciente no mejora adecuadamente o aparecen alteraciones analíticas, ampliamos el estudio con pruebas de imagen para valorar posibles complicaciones. En estos casos, la coordinación con el Servicio de Urología es fundamental para tomar decisiones conjuntas y, si es necesario, realizar una intervención urgente”, afirma la Dra. Muñoz.
Desde Urología, este trabajo conjunto permite garantizar la continuidad asistencial. “El paciente no se queda solo tras controlar el dolor. Se revisan las pruebas, el tamaño y la localización de la piedra y su evolución clínica para decidir el mejor tratamiento, desde seguimiento hasta intervención si es necesario”, explica el Dr. Bolufer.
Aunque en muchos casos las piedras pueden expulsarse de forma espontánea, algunos pacientes requieren tratamiento más específico. “Si hay dolor persistente, obstrucción o riesgo para la función renal, puede ser necesaria una intervención urgente”, apunta el urólogo.
Para evitar la aparición de cálculos renales, los especialistas insisten en la importancia de la prevención. “La medida más importante es mantener una hidratación adecuada, sin esperar a tener sed, especialmente en situaciones de calor o actividad física”, recomienda. A estas medidas se suman hábitos saludables como reducir el consumo de sal, moderar la ingesta de proteínas animales, limitar bebidas azucaradas o alcohol y mantener un peso adecuado.
“El cólico nefrítico es un dolor muy intenso que, aunque a menudo se resuelve sin cirugía, puede complicarse en determinados casos”, concluye el Dr. Bolufer. “Por eso es fundamental acudir a un servicio de urgencias con capacidad de diagnóstico rápido y coordinación directa con Urología, lo que permite ofrecer al paciente el tratamiento más adecuado desde el primer momento”.