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El 80% de la sal que consumimos no sale del salero

Redacción | Jueves 09 de julio de 2026

La Dra. Elena Soria, médico nutricionista, recuerda además que el calor no justifica aumentar el consumo de sal y que aprender a cocinar con especias y plantas aromáticas es una de las mejores estrategias para proteger la salud cardiovascular.



La mayoría del sodio que ingerimos está oculto en alimentos de consumo diario como el pan, los embutidos, los lácteos o los platos preparados.

Muchas personas siguen pensando que basta con retirar el salero de la mesa para reducir el consumo de sodio. Sin embargo, la realidad es muy distinta: alrededor del 80 % de la sal que ingerimos ya viene incorporada en los alimentos que compramos, una circunstancia que explica por qué España continúa consumiendo mucho más sodio del recomendado por los organismos internacionales.

La ingesta diaria de sal en nuestro país oscila entre 8,3 y 11,5 gramos, muy por encima de los 5 gramos diarios aconsejados por la Organización Mundial de la Salud y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

"La mayoría de las personas consume mucha más sal de la que cree porque el sodio está oculto en alimentos de consumo cotidiano. El salero representa solo una pequeña parte del problema", explica la Dra. Elena Soria, médico nutricionista de Clínica Menorca.

La sal escondida en los alimentos

Aunque solemos asociar el exceso de sal a los aperitivos o a los alimentos muy condimentados, buena parte del sodio procede de productos presentes casi a diario en nuestra alimentación.

Los principales responsables son los productos cárnicos (27 %), el pan y otros cereales (26 %), los lácteos (14 %), los platos preparados (13 %) y los pescados y mariscos (6 %). Entre todos ellos aportan cerca del 80 % del sodio que consumimos cada día.

El 20 % restante corresponde a la sal que añadimos al cocinar o una vez servido el plato.

¿Hay que consumir más sal cuando hace calor?

Con la llegada del verano reaparece una duda habitual: ¿es necesario aumentar el consumo de sal porque sudamos más? La respuesta, para la mayoría de las personas sanas, es no. Aunque el sudor contiene sodio, una alimentación equilibrada aporta cantidades suficientes para compensar las pérdidas normales que se producen con el calor. La prioridad durante los meses estivales debe ser mantener una adecuada hidratación.

"El calor no justifica consumir más sal. Salvo en situaciones muy concretas, como deportistas de resistencia o personas sometidas a esfuerzos físicos intensos y prolongados, una dieta equilibrada ya aporta el sodio necesario. Lo realmente importante en verano es hidratarse correctamente", afirma la Dra. Elena Soria.

Además, un exceso de sodio puede favorecer la deshidratación al aumentar la necesidad de agua del organismo y dificultar el control de la presión arterial, especialmente en personas mayores, hipertensas o con enfermedad renal.

Mucho más que hipertensión

La sal es necesaria para el organismo porque aporta sodio y cloro, minerales esenciales para funciones como la transmisión del impulso nervioso, el equilibrio de los líquidos corporales o la producción de jugos gástricos.

Sin embargo, cuando se consume en exceso, sus efectos beneficiosos desaparecen.

Diversos estudios han relacionado una elevada ingesta de sodio con un mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, insuficiencia renal, accidentes cerebrovasculares, osteoporosis y cáncer gástrico.

El paladar también se educa

Reducir la sal no significa resignarse a una comida insípida. La mejor alternativa es recurrir a especias y plantas aromáticas capaces de potenciar el sabor de los alimentos sin añadir sodio. Pimienta, cúrcuma, jengibre, canela, comino o curry, junto con romero, tomillo, albahaca, perejil, cilantro, laurel o eneldo, permiten crear platos más sabrosos y, además, aportan compuestos antioxidantes beneficiosos para la salud.

"El paladar se adapta mucho antes de lo que pensamos. Cuando reducimos progresivamente la sal empezamos a redescubrir el sabor natural de los alimentos y dejamos de necesitar cantidades tan elevadas para disfrutar de la comida", explica la especialista.

Cómo reducir la sal sin darte cuenta

La Dra. Soria recomienda incorporar pequeños gestos cotidianos que pueden marcar una gran diferencia para la salud cardiovascular:

  • Retirar el salero de la mesa.
  • Utilizar ajo, cebolla, pimienta, cúrcuma, romero, tomillo, albahaca o ralladura de limón para potenciar el sabor.
  • Leer el etiquetado nutricional y elegir productos con menor contenido en sodio.
  • Reducir el consumo de embutidos, platos preparados y salsas industriales.
  • Priorizar frutas y verduras frescas, especialmente las ricas en potasio, como plátano, aguacate o espinacas.
  • Mantener una buena hidratación, especialmente durante los meses de verano.
  • Cuando se coma fuera de casa, optar por preparaciones al horno, al vapor o a la plancha frente a fritos y platos muy condimentados.
  • Elegir especias y hierbas aromáticas en envases de vidrio para preservar mejor sus propiedades y reducir el uso de plásticos.

Pequeños cambios, grandes beneficios

Reducir la sal es una de las medidas dietéticas más sencillas y eficaces para proteger la salud cardiovascular. No se trata únicamente de utilizar menos el salero, sino de aprender a identificar el sodio oculto en los alimentos y sustituirlo por ingredientes que aporten sabor de forma natural.

"Cocinar con especias y plantas aromáticas es una forma sencilla de cuidar la salud sin renunciar al placer de comer. Son pequeños cambios que, mantenidos en el tiempo, pueden tener un gran impacto en la prevención de enfermedades cardiovasculares", concluye la Dra. Elena Soria.

Ideas para cocinar con menos sal, empieza por llenar el especiero

La Dra. Soria nos da algunas combinaciones sencillas para el día a día de como incorporar las especias y las plantas aromáticas en la cocina para reducir el consumo de sal sin renunciar al placer de comer.

  • Canela en yogur, fruta, café, gachas o compotas.
  • Cúrcuma en cremas de verduras, arroces, legumbres y huevos revueltos.
  • Jengibre en pescados, salteados de verduras, infusiones y batidos.
  • Pimentón en patatas asadas, pollo, hummus o verduras a la plancha.
  • Comino en lentejas, garbanzos, verduras, gazpacho y carnes picadas.
  • Orégano y albahaca en tomate, ensaladas, pasta, pizzas y mozzarella.
  • Romero y tomillo en carnes blancas, pescados, patatas y verduras al horno.
  • Perejil y cilantro en ensaladas, pescados, arroces y vinagretas.
  • Eneldo en salmón, yogur, pepino y salsas ligeras.
  • Menta o hierbabuena en ensaladas, frutas, limonadas y platos con legumbres.

Un consejo: incorpora las especias poco a poco. El paladar necesita unas semanas para acostumbrarse a una cocina con menos sal, pero una vez lo hace, empieza a apreciar mucho mejor el sabor natural de los alimentos.

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