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Mejor diez minutos con ganas de leer que una hora de lectura con conflictos

lunes 24 de agosto de 2026, 09:23h
Mejor diez minutos con ganas de leer que una hora de lectura con conflictos
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El éxito de la lectura en vacaciones radica en encontrar la forma de disfrutarla sin convertirla en deberes. Leer jugando, como propone Glifing, es una buena estrategia.

La investigación sobre la “pérdida de aprendizajes en verano” presenta resultados diversos, pero indica que la interrupción prolongada de la práctica de la lectura puede afectar a algunos niños, especialmente a los que ya tienen dificultades lectoras. Los programas de verano funcionan mejor cuando son regulares, motivadores y adaptados a cada lector. Los niños deben descansar, disfrutar, jugar, sin descuidar destinar un espacio de su tiempo a realizar determinadas tareas que mantengan activo su intelecto. Leer jugando puede ser un buen plan para pasar el verano.

Glifing es un método de aprendizaje que consiste en un entrenamiento sistemático de la lectura a través de un juego de ordenador, que evalúa, de forma personalizada, el progreso de cada niño, adaptándolo a su nivel sesión a sesión, además de resultar un sistema motivador para los niños para querer recibir las siguientes lecciones.

Cómo mantener la lectura durante el verano sin convertirla en deberes

En verano, la lectura no debe parecer que están haciendo deberes. Debe convertirse en un momento compartido, agradable y cotidiano. Mejor diez minutos con ganas que una hora con conflictos.

Hay varios elementos que pueden ayudar a mejorar la lectura y las ganas de leer, sin que los niños sientan que hacen deberes. Menos es más, así poco tiempo, pero con frecuencia, 10 o 15 minutos al día, pueden ser suficientes. Dejarles elegir la lectura, cómics, cuentos, revistas, recetas o libros sobre sus intereses, es clave para que estén motivados. Leer juntos y en voz alta, alternando frases, páginas o personajes. Aprovechar la vida cotidiana, leer carteles, menús, instrucciones, mapas u horarios que tenemos delante también son lectura, que cala de forma distendida y desenfadada.

Una vez hecha la lectura, hablar de lo leído da un plus más a la lectura, preguntar qué les ha gustado, qué han entendido o cómo continuaría la historia, permite prolongar el solo hecho de leer. Y valorar el esfuerzo, evitando corregir constantemente y celebrando los pequeños progresos puede marcar la diferencia para la lectura del día siguiente.

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