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Al pie del viejo Pozuelo

miércoles 03 de abril de 2013, 08:51h

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La Fuentecilla, situada en pleno casco urbano, fue erigida en 1785 y podría deber su construcción al Ministro Campomanes que residió en Pozuelo de Alarcón largas temporadas. Pero el barrio en el que está enclavada no es precisamente monumental.

Más de un centenar de familias viven a escasos metros de una fuente dieciochesca. De su grifo contemporáneo, situado bajo una inscripción que hace referencia al Rey Carlos III,  brota agua cuando está abierta la llave de paso. Que no es el caso. Los vecinos de toda la vida han celebrado alguna fiesta en torno al monumento pero ya no están para muchas. Y eso que la mañana en la que nos propusieron dar un paseo por su barrio estaban más contentos que de costumbre porque les estaban cortando la hierba de la pradera que, con las incesantes lluvias, superaba el medio metro.

Mientras recorremos la zona Mari Carmen y Mari Paz nos cuentan que el único sanecan cercano al jardincillo ha desaparecido a pesar de que los perros que frecuentan su barrio son bastante independientes. "Suelen pasear sueltos y sus dueños la mayoría de las veces se olvidan de recoger los excrementos así que lo mejor es mirar por donde pisas; sobre todo por la noche".

¿Farolas?¿Vallas?

Estas vecinas de La Fuentecilla denuncian que las farolas próximas a sus viviendas presentan un estado lamentable; una de ellas tiene el tubo que protege los cables adosado en su parte exterior y la otra la tapa inferior sujeta con cinta aislante. Dicen que quizás por eso alumbran tan poco y advierten del peligro que suponen sobre todo para los más pequeños. "Aquí vienen muchos escolares a visitar La Fuentecilla porque es un tesoro y como esto no se solucione cualquier día va a pasar algo".

Como en el terraplén. Nos llevan hasta el límite de su calle con las viviendas en manzana cerrada de la urbanización conocida como Nuevo Pozuelo. Y nos muestran la ladera repleta de espesa vegetación que culmina con un vallado inacabado y las raíces de un árbol que han quedado al descubierto. A Mari Carmen y Mari Paz les gustaría que los responsables municipales cortaran la hierba porque no quieren llevarse un susto en verano. Y que pongan un vallado en condiciones. "Nos merecemos unas vallas tan bonitas como las que han colocado por encima de Bularas. Quienes vivimos en el casco urbano somos los primeros en pagar los impuestos".

Finalizamos el recorrido por La Fuentecilla contemplando el edificio en construcción abandonado y asomándonos a la calle Campomanes. Con cuidado. Nuestras acompañantes saben que es peligroso caminar por su estrechísima acera sobre todo cuando pasa un autobús. "Hay que desplazarse con la espalda pegada a la pared o quedarse quieto cuando pasa un coche de línea para no poner en riesgo tu vida. Hace más de diez años hubo un accidente mortal pero no se ha tomado ninguna medida para solucionar el problema".

 

 

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