El dolor ginecológico forma parte de la experiencia vital de un gran número de mujeres, así lo revela una encuesta reciente elaborada por INTIMINA, marca referente en salud íntima femenina, donde participaron 700 mujeres y 700 hombres repartidos por toda España. En ella, el 65% de las mujeres afirmaron que durante el último año han experimentado dolor físico significativo en relación con su salud ginecológica, siendo este dolor con frecuencia para un 23% de ellas. Esto es algo que para muchas es muy limitante, hasta un 45% de mujeres han admitido que han dejado de realizar actividades de ocio, trabajo o deporte por los síntomas físicos de su salud íntima, y para un 70% de mujeres esto les afecta o les ha afectado psicológicamente en algún momento.
Lejos de ser algo puntual, el dolor asociado al ciclo menstrual, la salud pélvica, el postparto o la menopausia forma parte del día a día de millones de mujeres. Sin embargo, cuando analizamos cómo se percibe y se atiende ese dolor, emerge una clara brecha de género. En palabras de Pilar Ruiz, Marketing & Communications Manager de INTIMINA Iberia, “En INTIMINA creemos que el bienestar íntimo no es un lujo, sino un derecho fundamental. Sin embargo, los resultados de este estudio confirman que en la salud ginecológica sigue existiendo un muro de silencio y normalización que debemos derribar. Es necesario que la salud femenina deje de gestionarse desde la resignación y empiece a abordarse desde el conocimiento y la escucha, sin sesgos ni tabúes.”
Una brecha en la percepción del trato sanitario
Uno de los datos más reveladores del estudio apunta directamente a cómo se interpreta la atención médica. Para la mitad de los hombres, el dolor de los hombres y las mujeres se trata por igual en el sistema sanitario, mientras que solo el 30% de las mujeres comparte esa percepción de igualdad. Es más, 1 de cada 3 mujeres cree que el dolor masculino se trata con mayor rigor y seriedad que el femenino. Esta diferencia no es menor. Mientras la mayoría de los hombres percibe equilibrio, una parte significativa de las mujeres detecta un sesgo o, al menos, no siente que exista plena equidad.
La brecha no solo refleja opiniones distintas, sino experiencias distintas. Tiene que ver con cómo históricamente el dolor femenino ha sido normalizado, minimizado o atribuido a factores emocionales. En este aspecto, la Dra. Mercedes Herrero, ginecóloga, sexóloga y colaboradora de INTIMINA, subraya que “muchos de los problemas ginecológicos están invisibilizados. Se normaliza el dolor, tanto con la regla como en otros momentos del ciclo, como la ovulación. Es un parámetro difícil de medir.” Por ejemplo, 7 de cada 10 encuestadas (73%) admitieron haber recibido mensajes como “es estrés”, “es ansiedad” o “es normal” al hablar de su propio dolor íntimo, y un 24% reveló que, pese a tener dolor, nunca ha llegado a obtener un diagnóstico, siendo esta la respuesta más repetida en cuanto al tiempo de diagnóstico. Sobre esto último, la Dra. Herrero hace referencia a la endometriosis, destacando que “tarda años en diagnosticarse. En España se estima que de media entre siete y diez años. Por eso, educar a las mujeres sobre qué es lo normal en cuanto a su dolor ginecológico puede ser clave para que pidan ayuda.”
La cultura del aguante: cuando el dolor se normaliza
El estudio también evidencia una dimensión cultural profundamente arraigada: la obligación de resistir. Tal y como muestra la encuesta de INTIMINA, un 77% de las mujeres se siente obligada a aguantar más el dolor. Algunas de las razones más frecuentes por las que sienten esto son la normalización del dolor menstrual, la falta de formación sobre salud femenina y estereotipos sobre que las mujeres exageran.
Esta cultura del aguante convierte el dolor en algo que debe soportarse en silencio. De hecho, más de la mitad de las mujeres afirmó no manifestar su dolor o incomodidad de forma habitual o muy habitual por vergüenza en el entorno personal o profesional.
No solo se observa esto en términos de dolor menstrual o en los síntomas de la menopausia. También se manifiesta en momentos críticos como el posparto. La cesárea, una cirugía abdominal mayor, es un ejemplo claro. Aunque existe consenso tanto en hombres como en mujeres (68% y 69% respectivamente) en que debería tratarse con el rigor de cualquier intervención quirúrgica y que debería tener una baja médica de recuperación independiente al permiso de maternidad, solo el 10% de mujeres cree que se trata con el mismo rigor de reposo absoluto que una cirugía abdominal masculina. Además, de entre las mujeres que habían vivido una cesárea o una episiotomía (55,29% de las encuestadas), un 64% afirmó que se le exigió estar operativa para cuidar de otros antes de estar ellas recuperadas.
Hombres más empáticos y abiertos al diálogo
A pesar de esta brecha, el estudio refleja una evolución positiva en la actitud masculina hacia la salud íntima femenina. El tabú comienza a desvanecerse, con un 60% de los hombres que afirman que no les incomoda hablar sobre la menstruación, dato que refleja un cambio cultural relevante respecto a generaciones anteriores. No obstante, la concienciación no es suficiente sin una base educativa sólida: un 91% de los encuestados considera que debería enseñarse más sobre el dolor femenino, una cifra que demuestra una demanda social masiva de información. En definitiva, aunque el 71% de la población reconoce que todavía queda un largo camino por recorrer, España avanza hacia un modelo donde la educación sea el pilar fundamental para erradicar definitivamente la brecha de género en salud.
*I Estudio sobre Brecha de género en el dolor ginecológico, realizado a una muestra representativa de 700 mujeres y 700 hombres españoles en el mes de febrero de 2026 mediante el método CAWI (Computer Assisted WEB Interviewing).