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Las RRSS en la vida de los adolescentes, ¿beneficio o inconveniente?

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Las RRSS en la vida de los adolescentes, ¿beneficio o inconveniente?
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Está claro que vivimos en una sociedad donde las nuevas tecnologías, los aparatos electrónicos y las redes sociales forman parte de nuestra vida y nuestro día a día, incluso desde edades muy tempranas. Pero, ¿qué ocurre cuando se habla de RRSS o de plataformas que atraen el tiempo de ocio?

Algo está ocurriendo cuando a las compañías digitales más influyentes del mundo no les importa luchar contra el hábito más saludable del ser humano; su propio descanso. ¿Cómo estas plataformas son capaces de generar la atención de una manera tan efectiva?

El creciente uso de las redes sociales ha hecho que surjan preocupaciones éticas y de privacidad con respecto a la gestión de nuestros datos y cómo estas mismas redes entrenan algoritmos para organizar el contenido que nos muestran.

Todas estas circunstancias generan un escenario el cual no se conocía hasta ahora, especialmente sobre los adolescentes y donde el problema no es solo el uso de las RRSS, sino la unión tan estrecha que existe con sus dispositivos personales, los cuales pueden ser ideales para una modificación masiva de su comportamiento. Actualmente, existen algoritmos que en apenas 120 minutos de interacción son capaces de conocer los puntos de interés y de mayor atención de un usuario con una fiabilidad por encima del 84%, un dato realmente impactante.

Sin duda, en todo esto que estamos analizando, la actuación y el trabajo de los docentes en los centros educativos es de suma importancia. ¿El alumnado que haya recibido información sobre alfabetización digital entiende mejor todo esto? ¿Es normal la preocupación de las familias sobre el uso de las redes sociales? Todas estas cuestiones las resuelve Jorge Calvo, profesor - director Tecnología Innovación en Colegio Europeo de Madrid, en este artículo:

Probablemente si se intenta responder a esta pregunta se piensa que no hay nada preocupante y que todo sigue el desarrollo natural de una transformación digital que aborda cada vez más a las personas, pero realmente esa no es la respuesta.

Ahora bien, algo sucede cuando las grandes plataformas de entretenimiento online no luchan por una competitividad real entre ellas, sino contra un hábito natural de las personas: el sueño y las horas de descanso. De hecho, Reed Hastings, el actual CEO de Netflix, decía hace un tiempo: “Cuando ves una serie de Netflix y te enganchas, te quedas hasta tarde viéndola. Realmente, y al final, estamos compitiendo con el sueño."

No podemos obviar que algo está ocurriendo cuando a las compañías digitales más influyentes del mundo no les importa luchar contra el hábito más saludable del ser humano; su propio descanso. Sin duda, hemos llegado a un punto en el que es necesario estar educado para este nuevo escenario y, sobre todo, aún más cuando en este juego entran adolescentes que, desde edades muy tempranas, se convierten en grandes consumidores de estos contenidos, pero ¿cómo estas plataformas son capaces de generar la atención de una manera tan efectiva?

El creciente uso de las redes sociales ha hecho que surjan preocupaciones éticas y de privacidad con respecto a la gestión de nuestros datos y cómo estas mismas redes entrenan algoritmos para organizar el contenido que nos muestran.

Todas estas circunstancias generan un escenario el cual no se conocía hasta ahora, especialmente sobre los adolescentes y donde el problema no es solo el uso de las RRSS, sino la unión tan estrecha que existe con sus dispositivos personales, los cuales pueden ser ideales para una modificación masiva de su comportamiento.

Anteriormente, se podía medir si un producto funcionaba mejor o no después de haberlo publicitado y tras analizar sus resultados, pero ahora el escenario ha cambiado y las empresas están midiendo si las personas cambian sus comportamientos mientras navegan, visualizan e interactúan y donde los feeds de cada usuario se ajustan constantemente para obtener la información deseada. En resumen, el comportamiento de los usuarios se está convirtiendo en un producto.

Toda esta forma de alimentar a estos algoritmos para que nos conozcan y recomienden cada vez de forma más efectiva se logra principalmente a través de los dispositivos personales conectados. Se recopilan datos sobre las comunicaciones, los intereses, los movimientos, el contacto con los demás, las reacciones emocionales ante las circunstancias, las expresiones faciales, las compras, los signos vitales de cada persona: una variedad de datos ilimitada y en constante crecimiento.

Estos algoritmos correlacionan nuestros datos con los de otros usuarios. Las correlaciones son teorías sobre la naturaleza de cada persona, y esas teorías se miden y clasifican constantemente por su capacidad predictiva. Como todas las teorías bien manejadas, mejoran a través de la retroalimentación adaptativa.

Los feeds personalizados se optimizan para "atraer" a cada usuario, a menudo con señales emocionalmente potentes, lo que puede llevar con más frecuencia en edades más tempranas a una cierta adicción. El objetivo predeterminado es hacer que cada vez pasemos más tiempo en el sistema, de esta forma la cantidad de datos será mayor y la optimización de los algoritmos será exponencial.

Sabemos que el uso de estos contenidos (y en especial de las redes sociales), por parte de los adolescentes aumentó durante la pandemia y, junto con este aumento en el tiempo, hemos visto aspectos tanto positivos como negativos.

La socialización es un componente crucial del desarrollo saludable de los adolescentes y las redes sociales los conectan con amigos, familiares y compañeros de ideas afines. En ausencia de reuniones en persona, las redes sociales se convirtieron en un salvavidas para que muchos jóvenes buscaran amistad y apoyo. Cabe destacar que, en general, cuando las redes sociales se utilizan para la conexión social directa, ya sea enviar mensajes a un amigo, mantenerse en contacto, compartir algo divertido o inspirador, puede ser, sin duda, muy beneficioso. Pero no siempre es así.

Se debe entender que las redes sociales impactan en los adolescentes de manera diferente según sus fortalezas y vulnerabilidades preexistentes. Para algunos, el uso de estas tiende a ser relativamente neutral o incluso beneficioso. Sin embargo, para muchos otros, los efectos positivos y negativos de las redes sociales puedan amplificarse, es aquí donde reside la importancia de estos algoritmos de inteligencia artificial donde pueden manipular con mayor facilidad la conducta. Efectos como las conocidas “jaulas de oro” provocan que los adolescentes vayan cerrando su círculo de visualización e interacción sobre temas muy concretos, perdiendo la visualización de otros contenidos y la percepción más amplia de lo que están visualizando.

Actualmente, existen algoritmos que en apenas 120 minutos de interacción son capaces de conocer los puntos de interés y de mayor atención de un usuario con una fiabilidad por encima del 84%, un dato realmente impactante. Atendiendo al mismo, se podría afirmar que un adolescente que esté en una red social por primera vez estará viendo un contenido sesgado por los algoritmos al segundo día de uso. Una realidad desvirtualizada que puede normalizar ciertas conductas totalmente anormales.

Sin duda, en todo esto que estamos analizando, la actuación y el trabajo de los docentes en los centros educativos es de suma importancia. De este modo, el alumnado que haya recibido educación sobre alfabetización digital entiende el ecosistema de la información de una manera que no solo genera resiliencia, sino que le permite analizar y evaluar todo el contenido de los medios, ya sea una imagen de las redes sociales o una noticia creada para su credibilidad.

Comprender la forma en que viaja la información, la forma en que funcionan estos algoritmos, las estructuras de poder de las empresas tecnológicas, las técnicas persuasivas de los anuncios, la cultura de los influencers o la cultura de cancelación les brinda las suficientes herramientas para poder enfrentarse a esta nueva situación.

Entender la preocupación de las familias sobre el uso de las redes sociales son presagios de lo que aguarda en un futuro relativamente cercano. Los valores, los sistemas políticos, las interacciones sociales y la economía están cambiando con la llegada de la inteligencia artificial, los algoritmos, el metaverso, la realidad virtual, las redes 5G y el crecimiento exponencial de la computación.

Por ello, a medida que estos efectos vayan creciendo y se vuelvan más complejos, es más necesario un programa de educación digital dentro de nuestra comunidad educativa.

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