El final del curso escolar es un momento clave no solo para evaluar el rendimiento académico de los alumnos, sino también para detectar posibles dificultades en su desarrollo. Así lo explica la Dra. Ariadna Sánchez, neuropediatría del Hospital Universitario Vithas Madrid Aravaca, quien señala que “es en esta etapa cuando muchas familias consultan, ya que el cierre del curso permite tener una visión más global del funcionamiento del niño a lo largo del año”.
Durante los últimos meses del curso, el aumento de la exigencia académica, la carga de trabajo acumulada y la fatiga pueden hacer más visibles determinadas dificultades que en otros momentos pasan desapercibidas. En este contexto, el entorno escolar desempeña un papel fundamental en la detección precoz, ya que es donde se ponen en juego capacidades como la atención, la planificación o la autorregulación.
En las evaluaciones escolares y tutorías, los profesores suelen identificar señales de alerta como distracción frecuente, dificultades para mantener la atención, problemas de organización, olvidos o una notable variabilidad en el rendimiento. Además, tal y como destaca la especialista, en muchos casos preocupa especialmente la discrepancia entre el potencial del niño y los resultados que finalmente consigue mostrar en el día a día.
Un trastorno más allá de ser “despistado” o “movido”
A pesar de que todavía existe cierta confusión, la Dra. Sánchez recuerda que el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) no responde a comportamientos puntuales, sino a síntomas persistentes que afectan al aprendizaje, la autonomía y las relaciones sociales.
En edad escolar, puede manifestarse tanto con dificultades de atención —como olvidos, errores o problemas para finalizar tareas— como con hiperactividad e impulsividad. Se trata, además, de un trastorno heterogéneo, que no se presenta igual en todos los casos. De hecho, en muchos niños —especialmente en niñas— predomina un perfil más inatento y menos visible, lo que puede retrasar su identificación.
El diagnóstico es clínico y requiere una valoración global del menor en distintos contextos. “No existe una prueba única que permita diagnosticarlo por sí sola”, subraya la especialista, quien insiste en la importancia de integrar la información de la familia y del entorno escolar.
En este sentido, recuerda que una valoración escolar no equivale a un diagnóstico, sino que es el punto de partida para una evaluación más amplia que permita descartar otras posibles causas, como dificultades de aprendizaje, problemas emocionales o trastornos del sueño.
Tratamiento individualizado y abordaje multidisciplinar
El abordaje del TDAH debe ser siempre individualizado y adaptado a las necesidades de cada menor. Habitualmente se basa en una intervención multimodal que combina apoyo familiar, intervención psicopedagógica, adaptación del entorno escolar y, en algunos casos, tratamiento farmacológico. “La medicación no es necesaria en todos los casos ni constituye el único tratamiento”, aclara la neuropediatra, quien destaca que el objetivo es ayudar al niño a desarrollar sus capacidades, mejorar su autonomía y reducir el impacto de las dificultades en su vida diaria.
En este sentido, las terapias psicológicas y la intervención educativa desempeñan un papel clave, ya que permiten trabajar aspectos como la atención, la organización, las funciones ejecutivas o la regulación emocional. Además, pequeñas adaptaciones en el aula —como estructurar mejor las tareas o facilitar instrucciones más claras— pueden tener un impacto muy significativo en el aprendizaje y el bienestar del menor.
La coordinación entre familia, colegio y profesionales sanitarios resulta esencial para garantizar un abordaje coherente y eficaz. “Cuando existe una buena comunicación entre todos, mejora de forma muy significativa tanto el pronóstico como la calidad de vida del niño”, añade.
La importancia de una detección precoz
No identificar o tratar adecuadamente el TDAH puede tener consecuencias que van más allá del rendimiento académico. Según la especialista, muchos niños crecen con una sensación constante de esfuerzo y frustración, lo que puede afectar a su autoestima, sus relaciones sociales e incluso favorecer la aparición de dificultades emocionales.
Sin embargo, con un diagnóstico adecuado y un acompañamiento individualizado, los niños con TDAH pueden desarrollarse plenamente y tener una buena calidad de vida. “No se trata de cambiar quién es el niño, sino de ayudarle a comprender cómo funciona y darle herramientas para desenvolverse mejor”, explica la Dra. Sánchez.
En este contexto, el Hospital Universitario Vithas Madrid Aravaca cuenta con un equipo especializado en neuropsicología que permite realizar evaluaciones completas en aquellos casos en los que es necesario, así como desarrollar intervenciones neuropsicológicas adaptadas a cada menor, facilitando un abordaje integral y coordinado.