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Por qué la candidiasis y la vaginosis bacteriana se "cocinan" en vacaciones

martes 07 de julio de 2026, 10:45h
Por qué la candidiasis y la vaginosis bacteriana se 'cocinan' en vacaciones
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Verano e infecciones: Prevenir en julio para no lamentar en septiembre. Cada otoño aumentan las consultas por candidiasis vaginal y vaginosis bacteriana, dos afecciones íntimas estrechamente relacionadas con los hábitos del verano.

La otra cara del verano: la vaginosis bacteriana afecta a lo largo de su vida a aproximadamente a 1 de cada 3 mujeres, y el 75% sufrirá candidiasis al menos una vez en su vida.

Medidas como cambiarse el bañador mojado, utilizar ropa transpirable o cuidar los productos íntimos y menstruales evitan que las consultas ginecológicas colapsen tras las vacaciones.

El verano es sinónimo de chiringuitos, baños eternos y desconexión. Sin embargo, mientras disfrutamos del sol en julio, hay un enemigo silencioso que empieza a gestarse en la playa y la piscina. Aunque la gran ola de consultas por candidiasis vaginal y vaginosis bacteriana surge tradicionalmente al regresar de las vacaciones, los ginecólogos y médicos de atención primaria advierten: estas afecciones íntimas se “cocinan” durante los meses estivales, debido a hábitos y factores veraniegos.

Para evitar que estas molestias arruinen el descanso, la prevención en tiempo real durante los meses de calor es clave. Por ello, desde INTIMINA, marca referente en salud íntima femenina, con la colaboración de la Dra. Mercedes Herrero, ginecóloga y sexóloga, explican por qué el verano es la época más crítica para el ecosistema vaginal y comparten las pautas imprescindibles para adoptar desde hoy mismo para mantener a raya las infecciones y disfrutar de unas vacaciones completamente saludables.

Lo que no cuentan en tu folleto turístico

Cuando nos vamos de vacaciones, hay algo que ningún folleto nos explica: la vagina tiene su propio ecosistema, conocido como microbioma vaginal, compuesto principalmente por bacterias Lactobacillus. Estas bacterias beneficiosas mantienen el pH vaginal en un rango ácido saludable (entre 3,8 y 4,5), lo que ayuda a mantener bajo control bacterias y levaduras potencialmente perjudiciales. Es un sistema muy equilibrado, y el verano tiene una capacidad sorprendente para alterarlo.

Sin embargo, existen factores estivales que nos pueden afectar como:

  • Pasar horas con el bañador mojado, creando un ambiente cálido y húmedo ideal para bacterias y levaduras.
  • Bañarse en piscinas con cloro o en el mar, factores que pueden alterar el equilibrio bacteriano natural.
  • Aumento en el consumo de alcohol y cócteles azucarados, las levaduras del género Cándida, responsables de la candidiasis, se alimentan del azúcar.
  • Tomar antibióticos para tratar una gastroenteritis durante las vacaciones, eliminando tanto bacterias perjudiciales como beneficiosas.
  • Dormir peor, sufrir cambios en las rutinas, estrés o deshidratación son situaciones que reducen las defensas inmunitarias.
  • Utilizar geles de ducha perfumados de hotel o toallitas íntimas con fragancias que pueden alterar el pH vaginal.

Como explica la Dra. Herrero, “por separado, cada uno de estos factores suele ser manejable. Sin embargo, cuando se acumulan durante dos o tres semanas, el microbioma vaginal puede verse seriamente afectado. Además, los síntomas no siempre aparecen de inmediato. En algunas mujeres pueden pasar días o incluso semanas hasta que los cambios en el microbioma vaginal se traducen en molestias perceptibles, por lo que los problemas suelen manifestarse poco después de regresar a casa”.

¿Qué está ocurriendo exactamente?

Las dos afecciones más habituales son la vaginosis bacteriana y la candidiasis vaginal. Aunque ambas afectan a la vagina, son problemas diferentes.

Por un lado, “la vaginosis bacteriana aparece cuando se altera el equilibrio de bacterias en la vagina, y las protectoras Lactobacillus son superadas por otras menos beneficiosas”.

Sus síntomas suelen incluir:

  • Flujo fino de color grisáceo o blanquecino
  • Olor a pescado

Aunque puede resultar incómoda y generar vergüenza, es importante saber que no está relacionada con una falta de higiene. Se trata de un desequilibrio del microbioma y es extremadamente frecuente. Aproximadamente 1 de cada 3 mujeres la experimentará en algún momento de su vida”, describe la ginecóloga.

Por otro, “la candidiasis vaginal, suele estar originada por un crecimiento excesivo de especies de Candida, especialmente Candida albicans, una levadura que vive de forma natural en pequeñas cantidades en la vagina.”

Cuando cambian las condiciones, puede multiplicarse y provocar:

  • Picor intenso
  • Irritación y enrojecimiento genital.
  • Flujo blanco espeso

“De hecho, hasta un 75% de las mujeres la sufrirá al menos una vez en su vida, siendo durante el verano y justo después de tomar antibióticos los momentos donde más lo padecen”, menciona la colaboradora de INTIMINA.

Ambas afecciones tienen tratamiento. El problema es que, si no se aborda la alteración subyacente del microbioma vaginal, tienden a reaparecer. No obstante, tal y como la Dra. Herrero destaca, “comprender la relación entre el verano y los síntomas de estas afecciones es fundamental, ya que la prevención suele ser mucho más sencilla que el tratamiento. Medidas tan simples como cambiarse el bañador mojado cuanto antes, utilizar ropa transpirable y prestar atención a los productos menstruales e íntimos utilizados durante las vacaciones pueden ayudar a reducir el riesgo de irritación e infección”.

Claves para recuperar la salud íntima después del verano

La buena noticia es que el microbioma vaginal tiene una gran capacidad de recuperación, y algunos hábitos sencillos pueden ayudar a acelerar el proceso. Entre ellos la colaboradora de INTIMINA destaca:

  • Sustituir la ropa interior sintética por ropa interior de algodón al volver a casa y evitar durante unas semanas prendas como los tangas.
  • Evitar geles, jabones o toallitas perfumadas en la zona vulvar, ya que pueden favorecer la irritación y alterar el entorno vaginal.
  • No realizar duchas vaginales. Nunca. Eliminan precisamente las bacterias beneficiosas que se intenta recuperar y pueden empeorar la disbiosis.
  • Algunas mujeres encuentran útiles los probióticos que contienen especies de Lactobacillus, aunque la evidencia científica sigue evolucionando y los productos disponibles son muy diversos. En casos de infecciones recurrentes, conviene consultar con un profesional sanitario.
  • Si coincide con la menstruación, valorar el uso de una copa menstrual para evitar una alteración adicional del microbioma.
  • Reducir el consumo de azúcar y alcohol durante una o dos semanas para dificultar el crecimiento excesivo de Candida.
  • Mantener una buena hidratación, ya que la deshidratación puede afectar más de lo que se piensa al funcionamiento del sistema inmunitario.
  • Evitar los desodorantes genitales: son contraproducentes por la irritación y el cambio en la flora que producen.

“Debemos desterrar el estigma que rodea a estos problemas, estas afecciones son dos de los problemas de salud más comunes entre las mujeres, y al mismo tiempo, de los que más se sufren en silencio. Tanto la candidiasis como la vaginosis bacteriana son dos afecciones que tiene fácil tratamiento, muchas veces se puede tratar con productos de venta libre o con el asesoramiento de un farmacéutico, y si no mejoran los síntomas rápidamente o reaparece con frecuencia, es importante acudir al médico en lugar de recurrir repetidamente a la automedicación. En INTIMINA creemos que cuanto más abiertamente se hable de salud íntima, mejor preparadas estarán las mujeres para cuidarla”, concluye Pilar Ruiz, Marketing & Communications Manager de INTIMINA Iberia.

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