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Al pie del viejo Pozuelo (II)

lunes 25 de noviembre de 2013, 09:12h

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Han pasado siete meses desde que nos hicimos eco en Buzón Abierto del malestar de los vecinos de La Fuentecilla por el deterioro de su barrio. Hoy el entorno se ha renovado y ha nacido una plaza sobre las huellas del Tío Rosario.

Muchos conocieron el colmado del señor de las alpargatas porque han vivido siempre en Pozuelo. Alguno presume con orgullo de haber nacido aquí. Todos han bebido agua de la fuente dieciochesca que preside un lugar que ha cambiado -aunque no tanto- con el paso del tiempo. De la fábrica de curtidos de la familia Francisco queda lo mismo que de la tienda de Esteban Rosario Cortés... que de la Fernando de Rojas, la academia de mecanografía y taquigrafía de Don Luis y Doña Emilia: recuerdos.

La manzana situada entre la calle Campomanes y el final de la calle Hospital se ha transformado en los últimos meses. Queda pendiente la actuación en el terraplén que la conecta con el Nuevo Pozuelo que requiere algo más de tiempo. La intención del Ayuntamiento ha sido recuperar los aledaños de un lugar de interés turístico. La Fuentecilla se construyó en el año 1785. Y ahí sigue, a pocos metros de un cedro conocido popularmente como el fantasma y dentro de nada a la sombra de árboles del paraíso -melias- que salpican la pradera y zona de descanso triangular de nueva creación.

La alcaldesa, Paloma Adrados, acompañada por la concejal de Medio Ambiente, Mónica García Molina, y el de Obras, Andrés Calvo-Sotelo, ha comprobado el resultado del acondicionamiento de esta zona del casco urbano de Pozuelo. Los trabajos han consistido prinicipalmente en la construcción de aceras y reparación de baldosas, arquetas y cableado.

Las obras se han completado con la colocación de nuevo alumbrado -LED en farolas fernandinas- arreglo del ajardinado y dotación de arbolado. Además de césped se han plantado manzanos de flor, adelfas y diferentes arbustos y se ha mejorado la red de riego con la ayuda de los participantes en el “Programa de Recualificación de Desempleados de la Comunidad de Madrid”.

Ahora sólo falta que los propietarios de perros que pasean por la zona recuerden que esta prohibido llevarlos sueltos -como contempla la ordenanza- y no se olviden de recoger sus excrementos.  Sólo así las reivindicaciones vecinales y el esfuerzo municipal habrán merecido la pena.

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