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La Hermana María Montserrat y Pozuelo

lunes 03 de marzo de 2014, 08:44h

María Montserrat Osés nació en Pamplona pero creció en Barcelona. Con poco más de veinte años hizo las maletas rumbo a Chile para convertirse en Hermana de María del Movimiento de Schoenstatt. Desde 2005 vive en el centro de espiritualidad de Pozuelo. Es asesora de la Liga de Familias.

Había quedado con la Hermana María Montserrat a propósito del año jubilar. El próximo mes de octubre se cumplen cien años de la fundación del Movimiento de Schoenstatt y quería conocer la obra de José Kentenich, el sacerdote alemán que murió después de oficiar la Eucaristía en 1968. El mismo año en que se levantó el santuario mariano de Pozuelo de Alarcón, el primero de España y una réplica del original a orillas del Rhín. En la actualidad hay más de doscientos, tres de ellos en nuestro país. La Hermana asegura entre risas que son como la franquicia del McDonald´s pero en lugar de alimentar sonrisas alimentan el alma y reconfortan en la fe. Ella siempre la tuvo. Creció siendo una adolescente en un grupo parroquial del Movimiento de Schoenstatt. A los veinte años sintió la llamada del Señor y cruzó el charco para convertirse en Hermana de María. Que el noviciado para las vocaciones de España, Ecuador y Chile estuviera en Santiago de Chile le permitió hacer turismo poco después de dejar la carrera.

- ¿Cuándo te das cuenta de que lo tuyo es servir a Dios como Hermana de María?


En mi juventud participaba en grupos del Movimiento de Schoenstatt vinculados a la parroquia. Yo creo que Dios se valió de la crisis vocacional profesional para llamarme. Al acabar COU tenía tal confusión que por probar me matriculé en informática pero enseguida me di cuenta de que aquello no era lo mío. Lo dejé tras hacer el primer año porque no me veía todo el día sola programando. Quería seguir trabajando con la gente. Y comencé turismo porque mi prima estaba estudiando la carrera. Tenía asignaturas interesantes y me parecía fácil. Vamos que era ideal porque me permitía dedicar mucho tiempo a la catequesis, el coro, los grupos de jóvenes y las cosas que me importaban relacionadas con el Movimiento. Fue entonces cuando me di cuenta de que Dios me quería para él en un momento en el que yo quería aportar algo a la sociedad que al mismo tiempo me hiciera feliz. Y lo que más feliz me hacía era la fe y ese encuentro con Dios que me quería y daba un sentido a mi vida. A los 21 años sabía que quería seguirle y mis padres que querían lo mejor para mí como para el resto de sus hijos -tengo tres hermanos casados- me ayudaron a preparar las maletas. El noviciado está en Chile y aunque había salido de España para la JMJ de Polonia aquella era la primera vez que hacía un viaje transoceánico. Aquello si que fue hacer turismo (risas).

Pero nada más lejos de un viaje de placer. Todavía era María Montserrat cuando llegó a Santiago de Chile acompañada por otra chica de Barcelona con la que ahora -cosas de la vida- comparte residencia en Pozuelo. Junto a seis jóvenes chilenas comenzó su etapa de formación: dos años de noviciado y seis más hasta el perpetuo. Durante el postulantado se pusó por primera vez un uniforme religioso. No era el hábito negro que lleva ahora, con la medalla de la Virgen en el cuello y las inciales M, T y A (Madre Tres veces Admirable) en el velo como únicos adornos, pero identificaba su condición de religiosa. A España volvió con una alianza en la mano izquierda y muchos recuerdos del trabajo de campo en las maletas. "Tras cinco años en Santiago me destinaron a dos comunidades del sur, Concepción y Temuco, donde me dediqué al apostolado con jóvenes del Movimiento de Shoenstatt".

En 2005 la Hermana María Montserrat Osés se instala en la residencia que las religiosas tienen a pocos metros de uno de los pozos más antiguos de Pozuelo y del santuario mariano de Schoenstatt. Muchos vecinos siguen refiriéndose a ellas como las monjas alemanas. Por tradición o por costumbre. Porque en la actualidad ninguna de las ocho que conviven en la casa de original planta -que pudo ser fábrica- reformada hace poquito nacieron en Alemania. Dos son españolas y seis chilenas. Aunque la Hermana María Montserrat había estado antes, de visita y cuando no era Hermana, en los primeros meses comienza a empaparse de la historia del santuario -sus orígenes están documentados en las fotos antiguas que acompañan esta entrevista- y se convierte en una vecina más que disfruta paseando por el Parque Forestal de Somosaguas con sus compañeras. Además se confiesa muy fan de la Ruta de Belenes, la Cabalgata de Reyes y la procesión de la Virgen de la Consolación. No tanto de los conejos que han invadido el centro de espiritualidad. Sonriendo me dice que han informado al Ayuntamiento porque es una auténtica plaga.

- ¿Cómo descubres tu actual casa en Pozuelo?

Había venido antes con jóvenes de Madrid pero ha cambiado mucho en los últimos años. Me encontré un Pozuelo distinto y lo que recordaba como un pueblo se había convertido en ciudad. Lo único que seguía intacto era el centro de espiritualidad. Esto sigue siendo un maravilloso reducto de paz abierto a todos. Si te das cuenta nuestras puertas siempre están abiertas y no sólo para quienes tienen fe porque el entorno invita al encuentro con Dios pero también al encuentro con uno mismo. Las praderas, los árboles y el santuario son como un oasis en mitad del desierto, el silencio en medio de tanto ruido, la calma... Al poco de llegar me interesé por conocer los orígenes de Schoenstatt en Pozuelo y creo que el terreno y sobre todo su precio fueron un regalo de la Virgen. La finca se compró en el año 1968 y lo único que tenía edificada era la estructura de nuestra actual casa que por su diseño no debía estar pensada como residencia; parecía más bien un almacén o una fábrica. Fue la hermana M. Cristina quien encontró, tal vez a bordo de un Seat 600, este terreno, situado a las afueras del pueblo. Buscaban un lugar para construir el primer santuario del Movimiento de Schoenstatt en España y lo encontraron aquí. Las obras comenzaron pronto y sobre su tejado, ese mismo año, el año en que murió el padre José Kentenich, posaron las hermanas M. Isentraut y M. Laurence. Luego cuando estuvo terminado abrieron un Jardín de Infancia (Kinder Garten) frente a La Atalaya y hoy seguimos dedicándonos a la educación. Ahora además de la escuela infantil mixta tenemos un colegio para niñas que ha nacido en gran medida a petición de los padres y que a partir del próximo curso impartirá también clase a varones.

Consagradas en medio del mundo


Las instalaciones educativas de Schoenstatt se han adaptado perfectamente al paisaje de la finca y no perturban la tranquilidad del lugar. La Hermana María Montserrat me las descubre cerca del santuario, tras mostrarme algunos detalles de la capilla y la Virgen del pintor italiano Luigi Crosi -a la que tuvieron que acostumbrarse los primeros seminaristas que no la consideraban del gusto alemán- y bajar al oratorio donde se encuentra la caja con frases del Padre Kentenich para ayudar a la reflexión. Algo que tiene mucho que ver con las funciones de nuestra alegre protagonista en Pozuelo.

- ¿Cuál es tu trabajo como Hermana de María en el centro de espiritualidad y dentro del Movimiento de Schoenstatt?


Las Hermanas de María son instituto secular y aquí en Pozuelo nuestra misión es custodiar el Santuario. Nuestro origen en 1926 está muy vinculado a la Primera Guerra Mundial y a la espiritualidad que los seminaristas llamados al frente contagiaron a las enfermeras que les atendían en los hospitales. Les hablaban sobre el Santuario y la alianza con la Virgen María. Con el tiempo el centro de espiritualidad se convirtió en lugar de peregrinación y algunas de aquellas mujeres comenzaron a atender a las visitas, a llevar la biblioteca... y el padre José Kentenich decide fundar las Hermanas de María. Hoy somos unas 2.300 en los cinco continentes. Somos personas consagradas pero en medio del mundo al servicio de los ciudadanos. Hay muchas hermanas que trabajan en su profesión; por ejemplo, en Buenos Aires (Argentina) tenemos un hospital muy importante con una fundación sobre bioética que se ocupa del campo de la vida desde la fe. Podemos trabajar desde cualquier campo pero estar al servicio del Movimiento de Schoenstatt es nuestra vocación principal. Yo soy asesora de la Liga de Familias y me encargo de la formación a grupos de matrimonios que se reúnen aquí. También de coordinar la labor de los voluntarios en la liturgia (lectores de misa, eucaristía de los niños, grupo de moniciones) y en mi misión a pie de calle me ocupo de seleccionar los artículos que tenemos en la tienda -un prefabricado herencia de la JMJ- que van de cuadros de la Virgen a tabletas de chocolate pasando por cuadernitos para regalar a los pequeños en su Primera Comunión o dvd´s protagonizados por títeres realizados por una familia de artistas de Schoenstatt que colabora en la canal EWTN de la Madre M. Angélica.

Antes de despedirnos con el intercambio de correos electrónicos le cuento a la Hna María Montserrat que uno de mis recuerdos de niñez es una monja alemana montando en bicicleta. Sor BH podría llamarse. Entonces se ríe mucho más y reconoce que no soy la única que la recuerda. Pedaleaba con hábito. Ese símbolo al que la Hna María Montserrat no renunció cuando hace algunos veranos hizo el Camino de Santiago con medio millar de jóvenes y curo decenas de ampollas. Porque dice que la identifica como asesora de fe y la convierte en alguien en quien confiar.

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