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El aprendiz y su árbol en Pozuelo

martes 16 de octubre de 2012, 07:59h

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Manuel Barranco tiene alma de poeta. Desde que Don Gilberto, su profesor del Unamuno, se empeñó en enseñarle a leer y memorizó un poema que repetía cuando le tocaba hacerlo. Poco después comenzó a imaginar cuentos y a componer versos.

Hoy el aprendiz tiene dos libros de poesía publicados y un par de relatos en la antología del Colectivo Literario Renglones de Ficción. Y sueña con escribir una novela.

Hay quien le llama Manolillo. Es el hijo pequeño de unos conocidos hosteleros de Pozuelo. Manuel Barranco ha crecido entre carnes, fogones y mesas cuando se podía fumar en los restaurantes. El cigarrillo despertó su curiosidad unas navidades y con cinco años encendió el primero y el último. La llama del mechero prendió en los collares de cotillón que llevaba al cuello y se quemó la cara. La cosa pudo ser peor pero su madre se dio cuenta enseguida. Aquella travesura marcó toda su infancia y su carácter introvertido. Ese que le llevaba a buscar refugio bajo un árbol en el parque de la Fuente de la Salud al que siempre vuelve. Un pino centenario en lo alto de la colina, con escondite para lápiz y cuaderno, donde contaba hormigas o escuchaba las conversaciones de los mirlos que su mente transformaba en versos. Donde soñaba cuentos. De todo esto habla su relato con final estremecedor "al pasar por una calle ancha de espaldas adornada como para una boda, fue ver la paliza a un hombre, un vagabundo solitario. Le acogí como pude y llamé a un taxi y le lleve a urgencias; la gente me miraba de forma extraña, por ayudarle. Cuando ya le dejé en urgencias el vagabundo me dijo: ¿TÚ TAMBIÉN TIENES UN ÁRBOL? - Sí, señor. - No dejes de soñar, poeta".

Tras años de escribir sobre las personas, los sentimientos y el amor -dice que es el eterno enamorado- decide mostrar su obra a una editorial que descubre por internet. Así nace en 2007 La rutina convertida en poesía un libro con florecillas en la portada. En la contraportada una foto en blanco y negro capturada en una excursión escolar. En la imagen bajo "la vida es poesía como todo lo vivo" y el saludo del Aprendiz de Poeta aparecen sus compañeros de clase y dos profesoras del desaparecido colegio Unamuno. Ese mismo año gana el accésit del certamen cultural CREA de Pozuelo, en la modalidad de poesía con el poema "Los peregrinos".

- El reconocimiento en tu ciudad ¿Te animo a seguir?

- La verdad es que sí porque me había costado mucho enseñar mi obra. Llevaba tantos años escribiendo de forma autodidacta que tenía muchas dudas. Aquello las despejó y poco después de recibir el premio empecé a colaborar con páginas de poesía en internet como Webalia, Poema Latino o Tupoema.com. Incluso con la web de la asociación de afectados por el 11M con el poema "El bosque del recuerdo". Y hace dos años publiqué mi segundo poemario, Telaraña del tiempo, un librito más elaborado que se puede adquirir en El Corte Inglés, por internet o en Saborateycafe de la Avenida de Europa.

Porque Manuel sueña desde entonces con escribir una novela se inscribió en un curso de creación literaria en el Espacio Cultural Mira. Aunque trabaja en el restaurante familiar no lo duda cuando se trata de su pasión y encontró un hueco para dar todavía más rienda suelta a su imaginación...

- Yo quería dar un paso más. Ya no quiero ser solo un poeta, quiero ser escritor. Quiero escribir una novela o un cuento para niños. Y el curso me daría las bases. Acudía a clase una vez a la semana con cosas escritas que el profesor, un venezolano que sabía un montón, me hacía leer y luego comentábamos juntos. El curso me dio las herramientas para fabricar mi historia y te aseguro que tengo varias novelas dentro. Solo tengo que soltarlas.

Mientras las suelta se entretiene publicando en La Revista de Todos y en su blog. Y haciendo pinitos con el grupo de teatro Bambalina, nacido al calorcito de un taller del Centro de Educación de Personas Adultas. El año pasado con gabardina y sombrero, como un Bogart contemporáneo y poeta, recitó sobre las tablas del Espacio EducArte. Manuel reconoce que se apuntó para perder el miedo escénico y aprender a hablar en público. "Pero ahora estoy enganchadísimo, no paro de reirme con mis compañeras. Este curso estamos preparando Las Cuñadas y me voy a meter en la piel de un locutor de radio. Me da un poco de miedo pero lo afronto como un nuevo reto".

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