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El calor en las Fiestas de Pozuelo
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El calor en las Fiestas de Pozuelo

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Aquel día de Fiestas Patronales hacía un calor sofocante en Pozuelo. Como el que estamos viviendo ahora. Simona Hernández y sus amigas decidieron combatir los últimos coletazos del verano de 1952 con sandía.
Hace seis décadas durante las Fiestas Patronales en honor de la Virgen de la Consolación el coso taurino se levantaba con tablones desiguales -que durante el año se utilizaban como andamios de construcción- en la plaza del Generalísimo; actual de la Coronación. El albero se convertía en un hervidero de gentes, sabores y olores cuando no había festejo y cuando los músicos abandonaban su barbacana. Ahí sigue a los pies de las escaleras que conducen a la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora.

A comienzos de los años cincuenta del pasado siglo bajo las gradas de madera había puestos y cantinas donde los vecinos acudían tras la corrida, el encierro o el baile en busca de refrigerio. Para coger fuerzas y seguir de fiesta degustaban chuletas, tocino y morcilla que se asaban en la plaza en improvisadas barbacoas.

Matías, el carnicero, vendía la semana de Fiestas Patronales la carne del toro muerto en el ruedo. El ajetreo en las tiendas de comestibles que abrían sus puertas todo el año era mayor durante los festejos...

La frutería de Cantán no era una excepción. De una de sus cestas salió la sandía que Simona Hernández -a la derecha de la fotografía- y sus amigas saborearon para combatir la sed y el calor a comienzos de septiembre de 1952.
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