Durante décadas, la educación tradicional ha privilegiado la memorización, la repetición y la obediencia como ejes centrales del aprendizaje. Si bien estos enfoques han permitido transmitir conocimientos, a menudo dejan poco espacio para la iniciativa personal, la creatividad y la toma de decisiones. Sin embargo, el mundo actual exige algo distinto: personas capaces de pensar por sí mismas, asumir riesgos, aprender del error y reinventarse frente a la incertidumbre. Justamente ahí es donde la pedagogía Montessori marca una diferencia sustancial, y donde instituciones como The English Montessori School ponen en práctica estos principios con una visión moderna y alineada con los desafíos del siglo XXI.
La metodología Montessori: una educación para la vida
Desarrollada a principios del siglo XX por María Montessori, esta metodología parte de una premisa tan simple como poderosa: los niños aprenden mejor cuando son protagonistas activos de su propio proceso de aprendizaje. En lugar de imponer contenidos rígidos y homogéneos, el método Montessori propone un entorno preparado, cuidadosamente diseñado para invitar a la exploración, la experimentación y la toma de decisiones autónomas.
Desde edades tempranas —a partir de los tres o cuatro años— los niños Montessori no solo adquieren conocimientos académicos, sino que desarrollan habilidades esenciales para la vida: concentración, autodisciplina, pensamiento crítico y confianza en sí mismos. Estas capacidades, que hoy asociamos al espíritu emprendedor, se cultivan de manera natural a través de la experiencia diaria en el aula.
En colegios como The English Montessori School, este enfoque se traduce en ambientes bilingües, culturalmente diversos y centrados en el respeto por el ritmo individual de cada niño. Allí, el aprendizaje no se limita a cumplir objetivos curriculares, sino que busca formar personas autónomas, seguras y con una mentalidad abierta al cambio.
Fomentar el emprendimiento desde la infancia
Fomentar el emprendimiento en la niñez no significa enseñar finanzas, marketing o modelos de negocio, sino desarrollar una mentalidad proactiva y resiliente. En el aula Montessori, cuando un niño se enfrenta a un problema, el adulto no interviene para resolverlo. En cambio, observa, acompaña y formula preguntas que invitan a reflexionar. De esta manera, el niño aprende a analizar la situación, a probar soluciones, a equivocarse y a volver a intentar.
Este proceso fortalece la autonomía y convierte el error en una oportunidad de aprendizaje, no en un motivo de frustración. Los materiales Montessori, desde bloques de construcción hasta juegos sensoriales y actividades de vida práctica, están diseñados para que el niño pueda trabajar de forma independiente, reforzando la confianza en su propio criterio.
Aprender haciendo: independencia y responsabilidad
Atarse los zapatos, preparar una merienda, ordenar un espacio o cuidar una planta son tareas cotidianas que, dentro del método Montessori, adquieren un profundo valor educativo. Cada acción refuerza la idea de “yo puedo”, un mensaje clave para el desarrollo de la autoestima y la iniciativa personal.
Cuando un niño aprende a actuar con independencia y a asumir las consecuencias de sus decisiones, está desarrollando competencias fundamentales para cualquier emprendedor: responsabilidad, perseverancia y capacidad de adaptación. No espera instrucciones constantes ni soluciones externas; confía en su propio pensamiento y en su capacidad para encontrar respuestas.
El rol de las familias en la formación de niños emprendedores
María Montessori sostenía que la educación debía preparar al niño “para la vida, no solo para la escuela”. Bajo esta visión, el hogar se convierte en una extensión natural del aula y en un espacio clave para fomentar el pensamiento emprendedor. Permitir que los niños participen en decisiones cotidianas —como elegir su ropa, organizar su habitación o gestionar su tiempo de juego— refuerza su sentido de responsabilidad y autonomía.
Proyectos familiares como cocinar juntos, cuidar un huerto o planificar un viaje ofrecen oportunidades invaluables para desarrollar la creatividad, la cooperación y la resolución de problemas. Los adultos, al igual que los guías Montessori, acompañan sin controlar y orientan sin imponer, creando un entorno de confianza y respeto.
Una apuesta por el futuro
Hablar de niños emprendedores no implica presionarlos para alcanzar logros tempranos, sino brindarles un entorno donde su curiosidad sea valorada y su capacidad de decidir sea respetada. Cuando un niño crece en un ambiente que confía en su potencial, aprende que puede influir en su entorno y que sus ideas importan.
En un mundo donde muchas de las profesiones del futuro aún no existen, el enfoque Montessori —impulsado por instituciones educativas comprometidas con una formación integral— se presenta como una inversión a largo plazo. El emprendimiento comienza en la infancia, cuando un niño aprende a pensar por sí mismo y a actuar con propósito.
El método Montessori no enseña a seguir instrucciones de forma mecánica, sino a observar, cuestionar y crear. Y es precisamente esa combinación de pensamiento independiente y acción consciente la que define al emprendedor del mañana.
Sobre TEMS
The English Montessori School (TEMS) es un colegio internacional de referencia que integra la metodología Montessori con el currículo británico, ofreciendo una educación bilingüe y integral desde la etapa infantil hasta Pre-Universitaria. Reconocido entre los mejores colegios de España, TEMS destaca por su alto nivel académico, su sólida apuesta por el desarrollo emocional del alumnado y su firme compromiso con la sostenibilidad y la formación de ciudadanos responsables y globales.