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Edición 6    22 de septiembre de 2019

Personalidades

Son herederos de una larga tradición familiar circense que se remonta al siglo XIX. Los Gabytos, el relevo generacional de los payasos de la tele, vuelven a homenajear a su padre y a sus tíos en el teatro Nuevo Apolo.

Ana Marzoa se instaló en Pozuelo poco después de ganar el Premio Nacional de Teatro en 1987. De la mano de la artista Ute Kadner descubrió la casa perfecta. De padres gallegos y emigrantes creció en Buenos Aires. Y siempre tuvo claro que lo suyo era la interpretación.

No pertenece al cuerpo diplomático pero cuando se sienta al piano a interpretar música de compositores españoles transforma las notas en pasaporte. Dice que Albéniz o Falla viven y representan nuestra esencia. Esa que pasea por el mundo. Sin olvidar que sus raíces -también las musicales- están en Pozuelo.

La ilustre persona que ha dado nombre a una calle de Pozuelo próxima al límite con Aravaca marcó un antes y un después en la historia de la farmacología española.

Miguel Carnero asegura lo mismo que cantan los Celtas Cortos. Que ya no queda casi nadie de los de antes. Lleva dos décadas montando chiringuitos en las Fiestas Patronales. Todo un logro teniendo en cuenta que no se dedica a la hostelería.

Natalia Nombela ha convertido su pasión en forma de vida. En vísceras y emociones fuertes que lo han removido todo por dentro. Y que en la calma, tras la tempestad, se refleja en cuadros de un realismo ardiente en deseos de trascendencia. Ah! también sale en el último video clip de Garage Jack.

Lo suyo fue una revelación. Tenía diecisiete años y era alumno de un taller de teatro. Su director, Adolfo Simón, le propuso presentarse al casting de Caricias. En el ensayo vio la luz. Han pasado veinte años, algunos en Pozuelo, y muchos personajes. El último busca a un hijo puta sin sombrero en el Príncipe Gran Vía.

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